Abriste el camino a la duda,
con manos rígidas y poca soltura,
nos quedamos tendidos en el camino
entre rostros fugitivos
y miedos concedidos.
Me amarré al furtivo deseo de convertirme en reo
de eso que llaman deseo,
de eso que me cuentan es aventura secreta
de tus manos juguetonas sobre la mesa
y tu mirada decidida sobre mi boca
y la piel tendida al viento,
como cuando te quiero decir que te deseo,
pero solo para tenerte entre sábanas y suspiros,
enredarme entre tus piernas,
el pecho desnudo
los besos sueltos
y los miedos fugitivos.
Rompí la fuente de verdades que guardo en mis pechos,
te di de beber y sin saber
envenené tu mente,
por que no me importó
si era mala, buena, digna, necia o más necia.
No me importó lanzarte un beso con mis ojos
en medio camino
en medio de una vida.
Solo me dejaste el camino abierto a la duda,
con ganas de ser reo
de la interminable locura
de apoyarme sobre mis puntas
escalarte hasta la boca
y llenarme la mía con tus labios,
recorrerte despacio con un beso
y largarme luego
olvidando eso que alguna vez llamé deseo.